El Diplomado en Diagnóstico Molecular Clínico de la Universidad Andrés Bello (UNAB) responde a las brechas de capital humano en salud, formando profesionales capaces de interpretar resultados complejos y aportar a la medicina personalizada.
“En la última década, nuestro país ha experimentado una transición desde técnicas convencionales hacia la implementación de plataformas automatizadas de alta complejidad, como es el caso del diagnóstico molecular clínico, cuya presencia siempre fue bastante limitada”, señala Sebastián Gutiérrez, director del programa.
Entre los principales hitos que han impulsado esta evolución, el académico destaca:
Estos avances han permitido mejorar la precisión diagnóstica, reducir tiempos y optimizar recursos, fortaleciendo el enfoque de medicina de precisión en beneficio directo de los pacientes.
“El diagnóstico molecular se ha transformado en un pilar para la medicina de precisión, permitiendo tratamientos ‘a la medida’ del paciente, especialmente en áreas complejas que antes presentaban enormes dificultades en su diagnóstico y seguimiento”, explica el director del diplomado.
Algunos de los principales impactos se observan en:
Este enfoque mejora la efectividad clínica, reduce la exposición innecesaria a tratamientos invasivos y optimiza los resultados terapéuticos.
La incorporación del diagnóstico molecular clínico tiene un impacto directo en la sostenibilidad del sistema de salud chileno. Sus principales aportes se reflejan en:
Este enfoque contribuye a una atención más eficiente, segura y sostenible, alineada con los desafíos actuales del sistema de salud.

“Existe una brecha importante en la formación de profesionales que no solo operen equipos, sino que tengan los conocimientos necesarios para interpretar estos resultados complejos. También faltan competencias en bioinformática clínica, gestión de calidad y validación de técnicas moleculares”, advierte el académico.
Frente a este escenario, el Diplomado en Diagnóstico Molecular Clínico entrega una formación integral que combina:
Esta estructura favorece el desarrollo de habilidades teórico-prácticas orientadas al desempeño en contextos asistenciales reales, especialmente para profesionales que buscan iniciarse o profundizar en esta área.
Las y los egresados del programa adquieren competencias que fortalecen su posicionamiento laboral en un escenario de rápida transformación tecnológica, aportando valor tanto a equipos clínicos como a instituciones de salud.
“Nuestros estudiantes adquieren la capacidad de diseñar protocolos diagnósticos, interpretar resultados clínicos complejos y participar en la implementación de nuevas tecnologías, favoreciendo el diálogo multidisciplinario”, destaca Gutiérrez.