La enseñanza de las matemáticas enfrenta hoy un desafío clave: superar las barreras emocionales que históricamente han condicionado el aprendizaje de esta asignatura. En este contexto, el Diplomado en Enseñanza Socioafectiva de las Matemáticas de la Universidad Andrés Bello (UNAB) propone un enfoque innovador, que integra el desarrollo socioemocional con el fortalecimiento del aprendizaje matemático.
“Decidí cursar este diplomado en un momento en que sentía la necesidad de volver a estudiar y seguir creciendo profesionalmente. Buscaba profundizar en el área de la matemática, fortalecer mi dominio conceptual y adquirir nuevas herramientas que pudiera aplicar directamente en el aula”, explica Paula Navarrete, ex estudiante del diplomado y profesora de educación básica, quien actualmente trabaja como docente en Renca.
A lo largo de su trayectoria, Paula identificó una constante en sus estudiantes: la matemática suele estar asociada a emociones negativas, muchas veces heredadas de experiencias previas o de creencias transmitidas por el entorno familiar y escolar.
“Cuando conocí este diplomado, me llamó profundamente la atención que integrara el enfoque socioafectivo con los contenidos matemáticos. Sentí que ese cruce respondía directamente a una inquietud que venía arrastrando desde mi práctica”, señala.
Uno de los principales aportes del diplomado ha sido incorporar conscientemente la dimensión emocional en la enseñanza de las matemáticas.
Las reflexiones desarrolladas en cada sesión se trasladaron al aula mediante:
Además, la lectura de artículos académicos sobre el vínculo entre emociones y aprendizaje permitió a Paula cuestionar sus propias creencias y revisar críticamente su práctica pedagógica.
“Mirarme también desde el rol de estudiante fue clave para reconocer aspectos de mi enseñanza que necesitaban ser transformados”, destaca.
El impacto del Diplomado en Enseñanza Socioafectiva de las Matemáticas coincidió con un momento especialmente exigente en su carrera: el proceso de Evaluación Docente. En ese contexto, la formación adquirió un valor aún mayor.
“El diplomado se transformó en un espacio de apoyo y contención, donde el trabajo reflexivo y el acompañamiento del profesor Felipe Marín fueron fundamentales para enfrentar ese proceso de mejor manera”, afirma.

Desde la experiencia de Paula, el enfoque socioafectivo invita a replantear la clase de matemática desde una mirada integral, donde las emociones de docentes y estudiantes son parte del proceso de aprendizaje.
Reconocer y validar lo que sienten los estudiantes permite fortalecer aspectos clave como:
“El enfoque socioafectivo no solo mejora el aprendizaje matemático, sino también la relación que se construye en el aula”, agrega.
Tras aplicar lo aprendido, Paula ha observado transformaciones concretas en su práctica cotidiana.
“Integrar de forma consciente las emociones en la clase de matemática, hablar de cómo se sienten o incorporar una estrategia distinta ya marca una diferencia”, comenta.
Si bien reconoce que muchos resultados se evidencian a largo plazo, enfatiza la importancia de que más docentes se atrevan a incorporar este enfoque y a reflexionar colectivamente sobre el rol de lo socioemocional en el aprendizaje.