En Chile, la atención prehospitalaria enfrenta desafíos crecientes vinculados a la especialización, la integración tecnológica y la necesidad de una formación avanzada que permita una respuesta oportuna, eficaz y segura.
Para Anuar Alée, director del Diplomado en Atención Prehospitalaria y Urgencia de la Universidad Andrés Bello (UNAB), los desafíos son claros:
En respuesta a estas brechas, el programa de la UNAB ha desarrollado un plan de estudios centrado en competencias clínicas específicas, alineado con estándares internacionales y orientado a transformar el ejercicio profesional en terreno.
“Nuestra propuesta se sustenta en dos pilares: un cuerpo docente compuesto por profesionales de vasta experiencia y una actualización permanente, que garantiza que el profesional no solo adquiera conocimientos teóricos, sino también la capacidad de ejecutar intervenciones de alta complejidad con precisión técnica”, destaca Alée.
La modernización tecnológica ha redefinido la atención prehospitalaria, incorporando herramientas:

“La integración tecnológica se despliega en dos dimensiones estratégicas. La primera es la tecnología educativa, donde la simulación clínica avanzada constituye nuestra piedra angular. Este modelo permite entrenar maniobras críticas y la toma de decisiones en escenarios de alta fidelidad, favoreciendo el aprendizaje mediante el análisis del error en un entorno seguro”, señala el director.
A ello se suma la incorporación de tecnología asistencial de vanguardia, como ecografía clínica y ventilación mecánica invasiva y no invasiva en contexto extrahospitalario.
“Formamos a nuestros estudiantes en competencias que transforman la atención inicial desde un modelo reactivo a uno de diagnóstico precoz y estabilización avanzada, alineado con los estándares internacionales de cuidado crítico móvil”, agrega.
El aumento de emergencias de alta complejidad —como catástrofes naturales, accidentes masivos e incidentes críticos— exige equipos altamente capacitados y preparados para actuar con rapidez, precisión y seguridad.
“Al diferenciar la APH como una disciplina con lógica propia, empoderamos a los equipos para realizar una estabilización avanzada que define el pronóstico y protege la vida del paciente en los minutos más críticos”, puntualiza Alée.
El diplomado estructura el desarrollo de competencias críticas fortaleciendo tres dimensiones:
“El sello de nuestro programa es la realización de pasantías clínicas, que consolidan el perfil profesional mediante la experiencia directa en el sistema público de salud”, afirma el director.
Con casi 15 años de trayectoria, el Diplomado en Atención Prehospitalaria y Urgencia se ha consolidado como un referente nacional en formación prehospitalaria, potenciando la empleabilidad y el desarrollo profesional.
“Para quienes buscan ingresar al área, el programa es un diferenciador competitivo. Para quienes ya trabajan en sistemas prehospitalarios, entrega actualización permanente, intercambio de experiencias y fortalecimiento de la seguridad clínica y la autoconfianza”, explica.