24 Julio 2026

Investigador FEN UNAB analiza cómo la neurociencia cognitiva aporta a la comprensión de las habilidades socioemocionales

Cupped hands with a glowing digital brain above, symbolizing AI or neuroscience communication and care of brain tech.Las habilidades socioemocionales, como la regulación emocional, la empatía, la cooperación o la capacidad de adaptación, desempeñan un papel cada vez más relevante en el desempeño académico, laboral y social. Sin embargo, gran parte de estas capacidades no se adquiere exclusivamente en el aula, sino también a través de la experiencia.

Esa es una de las principales conclusiones del estudio desarrollado por Jesús Juyumaya, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello (UNAB), junto a Pablo Egaña del Sol, de la Universidad Adolfo Ibáñez, y Marcela Peña, de la Pontificia Universidad Católica. La investigación fue publicada en la revista especializada Neuroscience Research Notes.

El trabajo explora cómo la neurociencia cognitiva —disciplina que integra el estudio de los procesos mentales con el funcionamiento biológico del sistema nervioso— puede contribuir a comprender y medir de manera más precisa las habilidades socioemocionales y su relación con la formación de capital humano.

«Nuestra motivación surgió de una pregunta muy simple, pero fundamental: ¿cómo desarrollan realmente las personas las habilidades que les permiten aprender, trabajar y desenvolverse con éxito en la sociedad?», explica Juyumaya.

El investigador señala que durante mucho tiempo el rendimiento académico fue considerado el principal indicador del desarrollo del capital humano. No obstante, sostiene que actualmente existe evidencia que demuestra la importancia de habilidades como la regulación emocional, la motivación, la empatía, la cooperación y la capacidad para enfrentar nuevos desafíos.

«La neurociencia cognitiva ofrece herramientas para comprender mejor cómo se desarrollan estas capacidades y cómo pueden fortalecerse desde la educación», agrega.

Hacia una medición más integral de las habilidades

El estudio plantea que las evaluaciones tradicionales, basadas principalmente en cuestionarios de autorreporte o apreciaciones de docentes y evaluadores, continúan siendo útiles, pero presentan limitaciones al depender de factores subjetivos, como la percepción individual o las diferencias culturales.

En ese contexto, los investigadores proponen complementar estos instrumentos con evidencia proveniente de la neurociencia, incorporando indicadores objetivos que permitan observar el funcionamiento cognitivo y emocional durante los procesos de aprendizaje.

«Nuestro estudio plantea que la neurociencia puede complementar estas mediciones mediante indicadores más objetivos del funcionamiento cognitivo y emocional, enriqueciendo la comprensión del proceso de aprendizaje», señala el académico.

Para ello, la investigación revisa distintas herramientas utilizadas en neurociencia, entre ellas electroencefalografía (EEG), eye tracking, biomarcadores como cortisol y oxitocina, intervenciones farmacológicas y aportes de la neuroeconomía. Estas metodologías permiten estudiar aspectos como la atención, la regulación emocional, el aprendizaje y la toma de decisiones, ofreciendo una visión más amplia del desarrollo de habilidades.

Implicancias para la educación y las políticas públicas

Según Juyumaya, una persona puede obtener buenos resultados en una evaluación tradicional o declarar que posee determinadas habilidades, sin que ello refleje necesariamente cómo responde frente al estrés, cómo regula sus emociones o cómo interactúa en situaciones reales de colaboración y aprendizaje.

«Incorporar herramientas provenientes de la neurociencia permite observar procesos cognitivos y emocionales que no siempre son visibles mediante las evaluaciones convencionales, entregando una visión más integral del desarrollo de las personas», afirma.

Desde esa perspectiva, el investigador considera que integrar las evaluaciones tradicionales con evidencia neurocientífica puede contribuir al diseño de mejores políticas educativas, estrategias de formación y programas de desarrollo de talento sustentados en evidencia científica.

Finalmente, destaca que comprender el desarrollo de las habilidades requiere ir más allá de medir únicamente los resultados del aprendizaje.

«Durante décadas nos hemos preguntado cuánto aprenden las personas. Nuestro trabajo propone que también debemos comprender cómo aprende el cerebro y cómo se desarrollan las habilidades que permiten transformar ese aprendizaje en bienestar, innovación y desarrollo. Integrar la neurociencia con la teoría del capital humano no solo mejora la forma en que investigamos, sino también la manera en que diseñamos la educación, desarrollamos talento y construimos una sociedad más preparada para los desafíos del futuro», concluye.