El Magíster en Dirección y Liderazgo para la Gestión Educacional de la Universidad Andrés Bello (UNAB) busca entregar herramientas para conducir procesos de mejora, coordinar equipos multidisciplinarios y tomar decisiones basadas en datos y evidencia.

La gestión educacional enfrenta un escenario cada vez más complejo. A los desafíos asociados a la calidad de los aprendizajes se suman aspectos como la convivencia, la inclusión, el bienestar de las comunidades educativas, la transformación digital y las nuevas exigencias regulatorias y de política pública.
“Dirigir una institución educativa supone, por tanto, no sólo apoyar el trabajo de profesores, sino también coordinar equipos multidisciplinarios y gestionar relaciones con el entorno institucional”, explica Ignacio Serrano, director del Magíster en Dirección y Liderazgo para la Gestión Educacional de la UNAB.
A esto se suma la necesidad de comprender las políticas públicas, las regulaciones y el marco institucional en que operan las organizaciones, además de utilizar información y evidencia para apoyar los procesos de toma de decisiones.
El programa aborda esta complejidad desde distintas dimensiones de la gestión.
Uno de los aspectos distintivos del Magíster es que su mirada no se restringe únicamente a la escuela ni al rol tradicional del director escolar.
“El programa está orientado a los distintos niveles y organizaciones que conforman el sistema educativo, desde educación inicial y escolar hasta educación superior. Esa orientación hacia todos los niveles del sistema constituye uno de los elementos distintivos del Magíster”, señala Serrano.
Una de las principales competencias que busca desarrollar el programa es la capacidad de abordar problemas organizacionales utilizando información y evidencia.
Por esta razón, los estudiantes trabajan con herramientas relacionadas con:
A ello se suma una segunda competencia: aprender a observar los problemas desde una perspectiva organizacional.
“Muchas veces aquello que inicialmente aparece como un problema individual es, en realidad, expresión de un problema organizacional”, plantea el director del Magíster.
Las organizaciones educativas se encuentran en permanente transformación debido a cambios en sus equipos, regulaciones, tecnologías y demandas de las comunidades. Por ello, Serrano advierte que una mejora que depende exclusivamente de una persona puede resultar frágil.
“El liderazgo debe instalar capacidades organizacionales”, sostiene.
Esto significa que liderar no consiste solamente en movilizar personas, sino también en construir estructuras y procesos que permitan sostener las mejoras. Por ejemplo, una dificultad de aprendizaje podría estar asociada no solo a lo que ocurre dentro del aula, sino también a la ausencia de tableros de datos, sistemas de alerta temprana, tiempos destinados al análisis o mecanismos adecuados de seguimiento.
“El Magíster prepara a estos profesionales para asumir responsabilidades de dirección, coordinación y liderazgo con una comprensión más amplia del funcionamiento de las organizaciones educativas”, afirma Serrano.
Actualmente, quienes desempeñan funciones de gestión necesitan desarrollar capacidades para abordar datos, equipos, recursos, políticas, calidad, inclusión y procesos de cambio.
En este contexto, el Magíster en Dirección y Liderazgo para la Gestión Educacional cuenta con una trayectoria que comenzó en 2008 y ha actualizado su propuesta de acuerdo con las transformaciones del sistema educativo.
Su propósito, explica Serrano, es formar profesionales capaces de comprender la complejidad de las organizaciones educativas y conducir procesos de mejora en escenarios que están en permanente transformación.