Juan Felipe Calderón, académico del Magíster en Ingeniería Informática de la Universidad Andrés Bello (UNAB), explica por qué el desarrollo de software requiere mucho más que conocimientos de programación y cómo la inteligencia artificial está redefiniendo las competencias de los profesionales del sector.
«Un buen ingeniero de software sabe escribir código. Un buen líder de proyectos tecnológicos sabe, además, qué vale la pena construir y por qué», afirma Juan Felipe Calderón, académico del Magíster en Ingeniería Informática.
Desde esta perspectiva, el especialista aborda los desafíos que enfrenta la ingeniería de software en tiempos de inteligencia artificial, las competencias que necesitan desarrollar los profesionales y el enfoque práctico que caracteriza la formación del programa.

«El error más común es empezar por la tecnología. Uno elige el framework de desarrollo, base de datos o el modelo de IA, y después busca un problema que calce. Debe ser al revés», explica Calderón.
Según el académico, existen cuatro etapas fundamentales que deben considerarse para desarrollar una solución tecnológica efectiva:
El especialista aclara que estas etapas no necesariamente constituyen un proceso lineal, sino que deben abordarse mediante iteraciones frecuentes, de acuerdo con la metodología de desarrollo seleccionada.
«Se puede construir un sistema técnicamente impecable que fracasa porque no encaja con la forma en que las personas trabajan, con la cultura de la organización o con la infraestructura disponible», advierte.
Por ello, enfatiza la importancia de considerar desde el inicio los procesos, las personas, las normativas y los sistemas con los que interactuará la solución tecnológica.
La incorporación de inteligencia artificial está ampliando las posibilidades de innovación en múltiples ámbitos, desde la automatización de procesos hasta el desarrollo de sistemas capaces de adaptarse a las necesidades particulares de cada usuario.
Entre los principales desafíos identifica:
«La IA no reemplaza la ingeniería de software, sino que la hace aún más necesaria que antes», sostiene el académico.
«Ningún proyecto puede maximizar todo a la vez, y el trabajo del ingeniero es hacer visibles esos compromisos para que se tomen con información, no por accidente», explica el académico del Magíster en Ingeniería Informática.
En estos casos, implementar una solución tecnológica implica considerar las condiciones reales de las aulas, el tiempo disponible de los docentes y las diferencias en el acceso a recursos tecnológicos de los estudiantes.
«La innovación sostenible no es la que impresiona en una demo, sino lo que sigue funcionando tiempo después», afirma.
Esta mirada pone de relieve la importancia de evaluar no solo la capacidad de innovación de una herramienta, sino también su utilidad, implementación y continuidad en el tiempo.
A medida que la inteligencia artificial adquiere mayor capacidad para generar código y automatizar tareas, las habilidades vinculadas con el análisis, el diseño y la toma de decisiones adquieren una relevancia creciente.
«Cuanto más código genere la IA, más valor tendrán las competencias que la IA no reemplaza fácilmente», señala Calderón.
Entre las competencias técnicas destacan:
«El profesional que el mercado necesita no es el que programa más rápido, sino el que sabe qué problema resolver, cómo resolverlo bien y cómo hacerse responsable de su implantación y adopción», enfatiza.
Según explica Calderón, las asignaturas Proyecto de Vinculación y Seminario de Grado I y II permiten que los estudiantes integren los conocimientos adquiridos durante el programa y los apliquen en situaciones concretas.
El académico detalla que ambas instancias ofrecen oportunidades complementarias de aprendizaje:
«Muchos estudiantes llegan con un problema en su propio lugar de trabajo y terminan el programa con una solución implementada que tiene un impacto directo en su organización», destaca Calderón.
De esta manera, el Magíster en Ingeniería Informática promueve una formación orientada a la aplicación de conocimientos, el desarrollo de soluciones tecnológicas y la capacidad de enfrentar problemas reales en un entorno marcado por el avance de la inteligencia artificial.