Efraín Campusano, académico del Magíster en Ingeniería Informática de la Universidad Andrés Bello (UNAB), explica cómo la inteligencia artificial y la ciencia de datos pueden ayudar a las pequeñas y medianas empresas a optimizar recursos, anticipar dificultades financieras y fortalecer su competitividad.
«Una pequeña empresa genera información constantemente: ventas, compras, pagos, inventarios y comportamiento de sus clientes. El problema ocurre cuando estos datos se utilizan solamente para registrar lo que ya ocurrió, cuando también podrían ayudar a comprender lo que podría suceder», señala Efraín Campusano, académico del Magíster en Ingeniería Informática.
En ese sentido, el académico enfatiza que estas tecnologías deben entenderse como herramientas de apoyo para quienes administran los negocios.
«La inteligencia artificial no reemplaza la experiencia del empresario, pero puede entregarle información que antes no tenía disponible para decidir», sostiene.
De acuerdo con Campusano, mediante el análisis de información histórica y la aplicación de técnicas de aprendizaje automático, es posible desarrollar soluciones para:
«No siempre necesitamos resolver problemas extraordinariamente complejos; muchas veces, mejorar una decisión cotidiana puede marcar una diferencia importante para la continuidad del negocio», destaca.

A través de la ciencia de datos, las pymes pueden desarrollar modelos orientados a:
Para estos análisis pueden utilizarse métodos estadísticos tradicionales y algoritmos de aprendizaje automático, como regresión logística, árboles de decisión y modelos de series temporales.
También existen arquitecturas más avanzadas, como los Transformers, cuya utilización depende de la cantidad y calidad de información disponible.
«Buscamos identificar condiciones de riesgo con suficiente anticipación para que las personas puedan evaluar alternativas y actuar antes de que las dificultades se agraven», afirma Campusano.
Uno de los principales obstáculos es la disponibilidad de información organizada y confiable. Muchas organizaciones mantienen sus registros en planillas, cuadernos o aplicaciones que no necesariamente están conectadas entre sí.
Campusano identifica cuatro aspectos fundamentales que deben considerarse:
«No tiene sentido implementar un sistema complejo si uno más sencillo puede resolver adecuadamente el problema», señala el académico del Magíster en Ingeniería Informática.
Asimismo, destaca que «la decisión final debe permanecer en manos de las personas. La inteligencia artificial debe aportar evidencia, no imponer decisiones», enfatiza.
No basta con dominar herramientas tecnológicas o conocer el funcionamiento de los algoritmos. También es necesario comprender los problemas que enfrentan las empresas y diseñar soluciones que respondan a sus necesidades.
En ese sentido, Campusano identifica competencias fundamentales como:
«Un ingeniero puede desarrollar un modelo técnicamente correcto, pero si no comprende cómo funciona el negocio o no logra explicar sus resultados, probablemente esa solución tendrá poca utilidad», advierte.
Por ello, destaca que «el desafío es formar profesionales que no solamente sepan desarrollar tecnología, sino que también comprendan cuándo, cómo y para qué utilizarla», sostiene.
Frente a estos desafíos, el Magíster en Ingeniería Informática de la UNAB integra dos áreas fundamentales: Ciencia de Datos e Ingeniería de Software Aplicada.
Esta combinación permite abordar tanto el análisis de información como el desarrollo de soluciones informáticas que puedan utilizarse en organizaciones reales.
«El verdadero desafío no consiste solamente en construir un modelo que genere predicciones, sino en lograr que esas predicciones sean confiables, interpretables y útiles para tomar decisiones», explica.
En ese sentido, Campusano destaca la importancia de formar especialistas que puedan vincular sus conocimientos tecnológicos con las necesidades de las organizaciones.
«Ese es precisamente el tipo de formación que necesitamos: profesionales capaces de transformar el conocimiento tecnológico en soluciones que aporten valor a las organizaciones y a la sociedad», concluye.